¿Por qué se le dice “Operación Jarocha” a la famosa cirugía?

Veracruz es la tierra del aguacate: el que no es choto, es mayate

Las charlas entre amigos siempre conducen a pequeños grandes enigmas. Debatiendo sobre la visibilización de la comunidad trans, sobre la presencia de Ángela Ponce en Miss Universo y las fake news acerca de una boxeadora trans que mató a otra durante una pelea, surgió la pregunta: “¿por qué cuando un hombre decide cambiarse de sexo se dice que se hizo la operación jarocha?”. Lo acepto: no supe qué responder de inmediato, pero me decidí a enmendar mi error mediante una concienzuda investigación.

La primera respuesta que vino al recurrir a algunos amigos fue que se trataba de un simple juego de palabras. Hacerse “la operación jarocha” o simplemente “la jarocha” ocurre cuando “te quitan el pito, y te ponen panocha”. Hasta ahí podría parecer una respuesta corta, plausible y satisfactoria. Es más, podría representar muy bien la gracia y la jiribilla con la que los mexicanos nos expresamos.

Pero al continuar mis investigaciones y preguntarle a un amigo sociólogo me dijo: “la cuestión va mucho más allá”. Fue así como supe que en Veracruz las libertades sexuales en lo general, y la libertad en cuanto a la diversidad sexual en lo particular, suelen estar bastante más toleradas que en el resto del país. De hecho, existe una frase del argot local que dice: “Veracruz es la tierra del aguacate: el que no es choto, es mayate”. Diseccionemos primero esta frase para entender de qué hablamos cuando escuchamos esto.

En Veracruz la bisexualidad, al menos la masculina, es una práctica bastante extendida e incluso tolerada. Los jóvenes de sangre caliente suelen tener su iniciación sexual no con mujeres (a las que muchas veces aún se les exige cierto recato y llegar vírgenes al matrimonio) sino con otros hombres. Esta bisexualidad puede ser algo totalmente temporal y circunstancial (aplicando otra frase vulgar popular que reza que “en tiempos de guerra, cualquier hoyo es trinchera) o puede ser ya una orientación definitiva. Es en este contexto en el que nacen la figura del “choto” y del “mayate”.

Se dice que “choto” es uno de los antecedentes más tempranos de la palabra “joto”, otra forma bastante extendida (y a últimas fechas proscrita por discriminatoria) de llamarle a los hombres homosexuales. El choto en Veracruz es aquél que es abiertamente homosexual: es afeminado, comadrea, incluso se llega a vestir de mujer de manera regular o en celebraciones como el Carnaval que se celebra en el Puerto. De ahí viene el verbo “chotear”: estar choteado es algo que merece burla, que es despreciado, cosa que si lo analizamos bien, algo tiene de misógino.

El choto tiene una contraparte que no acepta su afeminamiento y que pretende conservar todos los rasgos y comportamientos asociados a lo masculino: los mayates. El mayate toma su nombre de un insecto, un escarabajo colorido con el que suelen jugar los niños de las zonas cálidas del país. Este juego consiste en atarle un hilito y traerlo volando, suspendido, como si de un globo de helio se tratase.

Pues bien: hay una frase que reza: “se fue con todo el hilo, como los mayates”, aludiendo a las personas que se apropian de algo “a la mala”, aprovechando un momento de descuido. El mayate humano se parece a su tocayo insecto en que suelen sacar algún provecho de quienes “juegan con ellos”. Los mayates humanos “juegan” a tener sexo con los chotos —o sea lo abiertamente homosexuales— muchas veces a cambio de algún beneficio, que puede ir desde lo económico, hasta algo muy llano y simple, como una comida o unas cervezas. Algo tiene el mayate, tal vez esa hombría que se empeñan en demostrar, que los convierten en verdaderos objetos de deseo entre los chotos, quienes no pierden oportunidad de seducirlos hasta conseguir llevarlos a sus redes.

Pues bien, en esta tierra de chotos y de mayates, en donde el amor entre hombres es una cosa hasta cierto punto común, están también los travestis, transgénero y transexuales. Un mayate, como ya se dijo, no perdería jamás su masculinidad —lo cual le parecería una afrenta—, pero los chotos sí: alegres y desenfadados, en el Carnaval de Veracruz y su algarabía, se ve a una gran cantidad de ellos vestidos de mujer. Y es precisamente ahí a donde nos llevan nuestras cavilaciones: “hacerse la jarocha” es llegar al extremo de lo “choto”, renunciar a toda hombría y volverse, mediante una operación (quirúrgica o metafórica) mujeres.

Ahora bien, hay quienes sostienen que la frase tiene una connotación todavía mucho más literal: hace poco la periodista Karla Cancino, periodista del Diario de Xalapa, se atrevió a aventurar la hipótesis de que este dicho nació de un hecho recogido por la misma publicación, pero de mediados del siglo pasado. En el encabezado puede leerse: “Sensación en la República por haber cambiado de sexo un veracruzano. Un hombre del Puerto, mediante una operación, se convirtió en mujer”.

Esa noticia fechada el 6 de mayo de 1954, se lee textualmente:

“Verdadera sensación en todo el país ha causado el hecho insólito de un habitante del Puerto de Veracruz, que mediante una delicada operación que le fue practicada [sic] la Ciudad de México, se transformó en mujer. En lo sucesivo se llamará Martha Olmos Romero, con idénticas características a Cristina Jhorgensen, que antes fuera soldado del ejército de Suecia.

Actualmente Martha Olmos Romero se encuentra en la Metrópoli y por ser el primer caso de este tipo de transformación sexuales [sic], ha ocupado la atención de la prensa de todo el país, habiendo la noticia ya trascendido las fronteras de México y dentro de poco adquirirá perfiles internacionales”.

¿Cuál de las dos explicaciones es más plausible, la que tiene una raigambre sociológica o la que fija el hecho en una situación literal, en la que la primera cirugía de reasignación sexual haya sido protagonizada por una mujer trans originaria Veracruz? Sea cual sea —o la que a usted le haya parecido más convincente—, es interesante saber de dónde vienen estas frases de uso popular que muchos utilizamos, pero que casi siempre desconocemos en origen. Al menos la próxima vez que charle con amigos de este tema, tendré dos explicaciones sólidas de por qué a la cirugía de reasignación sexual de masculino a femenino se le dice vulgarmente “operación jarocha”, más allá de respuesta simplista que afirma: “pues porque te quitan el pito y te ponen panocha”.

Con información de Vice